Si vieras un momento mi tristeza volverías a mí, si mis ardientes
lágrimas contemplaras, urgente vendrías a secarlas, pero nada de eso harás,
porque te has ido y envuelta en amargura me dejaste. Así hablaba dolorida una
princesa, frente al espejo de la gran sala de su salón dorado, ya que el
príncipe al cual amaba la había dejado, por otro amor de un reino muy lejano.
Fue entonces, que desde el espejo salió un duende de forma de esbelto caballero,
que se acerco a la princesa al tiempo que le hablaba. Pequeño es el mundo y
grandes los designios del destino, ha sido necesario que pierdas el amor de un
príncipe, para que a través del espejo, otro amor se te acerque a conquistarte
¿Y qué diferencia hay entre un amor que se ha ido y otro que ha venido?
-pregunto la princesa- Ninguna -respondió el caballero- simplemente que yo
secaré tus lágrimas y vos amarás de nuevo y volverás a ser feliz en este reino.
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