Agrupaba palabras por números
y armaba nuevas expresiones, sumando y restando cifras que brotaban del estudio
apasionado de las frases. Creía sin duda alguna, que las letras le daban forma
a la realidad en este mundo y ambicionaba, encontrar la expresión última de la
creación entera. Una noche, acostumbrado a la rutina en el especial ambiente de
su gabinete de estudios, tomó nuevamente con pasión sus letras y números
dispersos, tratando de integrarlos en nuevos y apasionantes textos, en eso estaba,
cuando debido quizás al cansancio que tenía, se equivoco en una suma y resto
mal una letra, creando de esta forma una palabra extraña, que rápido asimiló a
aquella que siempre quiso encontrar, la que le develaría el secreto de todas
las cosas que se hallan en este su universo. Serio, en el cerrado cuarto de su
estudio, transpirando de emoción y desasosiego, repitió en vos alta esa palabra
una vez, dos, tres, muchas veces aguardando que a su conjuro algo cambiara,
pero lo único cierto que todo siguió igual salvo el, que decepcionado, creyendo
que las palabras eran todo no vio que son apenas , aquello que vemos y
nombramos y que vienen y se van , huyen o llegan, de acuerdo a las distintas
circunstancias que vivimos, más allá de sus cifras, sus números y sus letras.