Los hombres tira piedras no paraban de tirar piedras en ese reino, con ello
rompían todos los vidrios del lugar, los frascos de luz, las flores de los jardines
y lo que era peor, lastimaban a la gente. Cansado de ello el Rey dicto un edicto
“Todo aquel que tira una piedra será condenado a muerte sin perdón alguno”. Ante
tal decreto, de pronto se acabaron los hombres tira piedras y nadie más tiró una
en ese reino, pero una tarde en un acto de alegría juvenil, el príncipe arrojó una
piedra hacia los cielos infinitos que se le ofrecían mansamente, no fue necesario
aplicar edicto alguno, no se sabe si por enfado de los dioses o que, la piedra al
caer le pegó en la cabeza y lo mató.
miércoles, 26 de febrero de 2014
martes, 25 de febrero de 2014
MESA DE SALDOS
Con tranquilidad propia de la lectura recorría la librería de viejos,
buscando en una mesa algún libro que le interesara, los dejaba pasar
distraídamente uno a continuación de otro, que su mano dejaba caer de la hilera
inclinada donde estos se apilaban sobre la mesa, cuando de pronto uno de ellos
le llamó la atención. Lo retiró del montón y se dispuso a leerlo, para su
asombro descubrió que no tenía título, sino solo el nombre del autor y al
abrirlo para hojearlo, se encontró con que la primera página, era un espejo tan
fino y flexible como una hoja de papel. Al mirarse en él le pareció de pronto,
que el libro no era otra cosa que el relato de su vida y tan era así, que sin
darse cuenta atravesó el espejo y comenzó a recorrer páginas y páginas, donde
estaba presente su pasado, en todas las formas que quedaron grabadas en el
tiempo, que hasta ese momento le había tocado vivir, allí descubría nuevamente
situaciones agradables junto a otras horribles, peligros y acechanzas,
instantes de paz y esperanza, todos ellos conformando su vida y existencia. Temblando
levemente, de pronto se encontró con las dos manos fuertemente apoyadas en la
mesa de saldos.
domingo, 23 de febrero de 2014
CURIOSO
Esa mañana como tantas, tomó el colectivo temprano dado que tenía mucho que
hacer en la oficina, al poco rato, le toco sentarse al lado de una joven que leía
un libro, curioso, se le ocurrió fijarse en él a ver de qué se trataba. Cuál sería
su sorpresa, al darse cuenta que el mencionado libro, estaba con sus páginas en
blanco, pero algo más raro todavía, la joven que leía iba imprimiendo con ese simple
hecho, un texto, que avanzaba al igual que sus ojos, sobre el blanco papel.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)