martes, 25 de febrero de 2014

MESA DE SALDOS



Con tranquilidad propia de la lectura recorría la librería de viejos, buscando en una mesa algún libro que le interesara, los dejaba pasar distraídamente uno a continuación de otro, que su mano dejaba caer de la hilera inclinada donde estos se apilaban sobre la mesa, cuando de pronto uno de ellos le llamó la atención. Lo retiró del montón y se dispuso a leerlo, para su asombro descubrió que no tenía título, sino solo el nombre del autor y al abrirlo para hojearlo, se encontró con que la primera página, era un espejo tan fino y flexible como una hoja de papel. Al mirarse en él le pareció de pronto, que el libro no era otra cosa que el relato de su vida y tan era así, que sin darse cuenta atravesó el espejo y comenzó a recorrer páginas y páginas, donde estaba presente su pasado, en todas las formas que quedaron grabadas en el tiempo, que hasta ese momento le había tocado vivir, allí descubría nuevamente situaciones agradables junto a otras horribles, peligros y acechanzas, instantes de paz y esperanza, todos ellos conformando su vida y existencia. Temblando levemente, de pronto se encontró con las dos manos fuertemente apoyadas en la mesa de saldos.

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