jueves, 6 de junio de 2013

CUENTOS BREVES VIII




Bueno jefe aquí llegamos dijo, mientras apagaba el motor del auto. El hombre sentado al lado del él sin decir palabra, saco un revolver de su cintura y lo levanto hacia la cien de quien manejaba, cuando el cañón del arma estaba sobre ella disparo. Eso será lo único comprobable –el momento del disparo- porque quien mato al jefe nunca se sabrá.

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Soñó que había hecho el amor con ella, al tiempo debió hacerse cargo del hijo de ambos.

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Sorprendida de improviso se encontró a un hombre con alas en vez de brazos, este sin decirle nada levanto vuelo y se alejo.

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Sola en su casa mientras dormía, a eso de la madrugada la despertó un fuerte golpe en la puerta de entrada, aterrada bajo a ver de qué se trataba. Ya frente a la puerta temblando se le ocurrió preguntar  ¿Quien anda ahí?  -algo le respondió- Soy una estrella que me caí del cielo pero ya me voy.

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Sentada al atardecer en la playa frente al mar, se dejaba llevar por el ensueño de su fantasía y gozaba con el hermoso espectáculo de la inmensidad del océano  y del resplandor del sol en el horizonte. En eso estaba, cuando de pronto y frente a ella se abrieron las aguas, las olas se convirtieron en  rígidas ondas de bello decorado y del seco lecho, surgió un monstruo rugiendo fuego por su boca y aire caliente por sus orejas rojas. Ella, asustada no supo que decir, el, al notar su presencia solo dijo con vos de trueno,  no digas nada nadie te creerá.

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Una joven mujer enamorada busco en dios su última palabra y fue a hincarse frente al altar, en un templo de los arrabales de la gran ciudad. Levanto los ojos e inquirió al supremo con vos trémula ¿Me quiere? Y el señor, desde lo profundo de su sabio poder le respondió. Como saberlo hija mía, no hace mucho otra mujer tan sufrida como vos, me hizo la misma pregunta.

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Ambos dos después de tener una relación sexual de espaldas en el lecho y con los ojos clavados en el techo de la habitación, hablaron así. ¿Te gustó? Si mucho.

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Volviendo una mañana al Barrio Chino y recorriendo sus locales, de pronto se topo con un llavero de cuatro escarabajos, encadenados  a distinta altura y engarzados en una pequeña cadenita, dispuesto a comprarlo agarro al llavero por el escarabajo más próximo a la argolla donde van las llaves. Fue en ese momento que un resplandor azul ilumino el local y una nube blanca por un instante no mas, impidió ver el interior del mismo, después todo volvió a la normalidad. Pero él asombrado se encontró frente a cuatro bellas jóvenes orientales, que lo miraban dulcemente y con un detalle aún más extraño que le llamo la atención, ambas las cuatro estaban a él unidas por una cadenita muy fina, similar a la del llavero que por supuesto había desaparecido.

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Esa noche se le había hecho tarde y volvía con cierto recelo a su casa, días atrás le contaron de un asalto que un vecino sufriera en el barrio, justo a la noche y en el mismo lugar por donde el transitaba ahora. Esta circunstancia fortuita por cierto lo intranquilizaba sobremanera, así la cosa, decidió no darle importancia a sus pensamientos y ponerse a silbar, ya que con el silbido se sentía más seguro. No fue comenzar a silbar cuando de improviso, dos sujetos lo abordaron con armas y lo asaltaron, antes de dejarlo le dijeron. Gracias por silbar, ya nos íbamos porque creíamos que no vendría nadie.

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Le dijeron que era lo mismo malo que bueno entonces, él pidió regular.

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