jueves, 23 de mayo de 2013

CUENTOS BREVES VI



La peluquera china de la calle Arribeños tomó con su mano la tijera y cortó un cabello de su cliente, fue ello suficiente para que este se transformara en el animal al cual correspondía, en el horóscopo que una mujer leía imperturbable.

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Un hombre y una mujer se cruzaron en la calle sin dejar de andar, ambos hubieran querido detenerse.

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Hacía rato que la esperaba pero tardaba en llegar, fue entonces que se dio cuenta, que ese no era el lugar donde se habían citado.

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Entre las ropas de ella, encontraron un sobre vacio manchado con la sangre del puñal que le corto la vida. Lejos de allí, un hombre prendía fuego a una carta que él nunca había enviado.

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Cínico como era se reía de todo lo que nunca entendió. Pero una tarde, tal vez la más triste de su vida, no pudo reírse de lo que a él igual que ha tantos le estaba sucediendo.

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Por la larga calle de la villa bordeando la zanja y esquivando las chapas de los ranchos caminaba. Al final de ella lo esperaba atravesado un patrullero como invitándolo a subir.

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Por el Barrio Chino donde la magia transita sus esquinas una mañana, a la hora en que los restaurantes repasan el menú del día y las mujeres hacen sus compras en los supermercados, apareció un Dragón y de su interior salió una joven hermosa que apresurada corrió hacia el arco de la calle juramento, algo raro sucedió entonces, cuando la sombra del arco tocó a la joven está desapareció y con ella el Dragón.

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Nada era igual esa mañana que la dejó. Hasta él se sintió diferente, tan diferente que creyó no ser él y volvió con ella.

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De un grupo de tres cartas boca abajo sacó una y la hechicera le dijo que sería feliz, que todos sus deseos se irían a cumplir. Tiempo después deseo un chocolate y lo invitaron con un helado, más luego en otro momento quiso sexo y pago por ello. El instante más emocionante llegó cuando fervorosamente no deseo ser él, sino un tipo distinto tal como a él le hubiera gustado ser, extrañamente ese día la carta de la hechicera fracasó.

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Sabía que nada le podía pasar si actuaba como le habían dicho. Lamentablemente era un cabeza dura.

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Imaginaba su vida de tal modo que decidió escribir en un libro de como vivirla, le llevó tanto tiempo hacerlo que murió de viejo.

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Una tarde a la salida del colegio un cuadro de Sarmiento en un barrullo en el aula se rompió. Como él era muy recto en sus principios le dijo al maestro quien había sido cuando este preguntó. Desde ese día, su padre siempre fue a buscarlo a la salida.

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Le dijeron que contando sus problemas, podría liberarse de estos, consiguió mucho más que eso, pasó solo el resto de su vida.

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El sabía que si las cosas salían fácilmente, si parecían espontáneas todo saldría bien entonces, decidió abordarla a la salida de la cátedra ese día jueves, porque justamente un jueves había nacido él y por lo tanto ese era su día de suerte. Todo listo dijo y lo que es mejor aún todo cabalísticamente perfecto, así pensaba mientras aguardaba calmo la salida de ella, fue en ese momento cuando la vio salir, en que noto que había surgido un imprevisto desafortunado, un imprevisto que la lleva del hombro y le hablaba no sabía que, muy cerca de ella casi rozándole el oído.

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--La paradoja le dijo –mientras lo miraba a través del humo de su pipa- es un artilugio literario del que nos valemos para llevar tranquilidad a nuestro espíritu, ya que en ella rebatimos las causas o los efectos de aquello que no podemos realizar.
--Lo que queres significar que tal vez la paradoja sea un artilugio, al que echamos mano para superar un obstáculo que pese a ella, igual seguirá presente en el tiempo y el espacio.
--Tal cual, es como un cambio de peones, una jugada que mueve las piezas pero no modifica ninguna situación real del juego que estamos jugando.
--Interesante…muy interesante pero debo dejarte porque ya es hora de que me vaya, pero antes te dejo una frase.
--¿Cuál?
--Lo paradojal es paradójico, chau nos vemos.

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