miércoles, 27 de mayo de 2015

COMIENZOS



Miró una vez más a su alrededor y volvió a descubrir las siete cruces, los restos de ceniza y los conjuros dispersos por el suelo, en forma de hojas, flores y ramas, puestas en posiciones diferentes, pero dirigiéndose todas hacia el lado donde el sol se oculta en el ocaso. Rituales, siempre rituales e imaginó la gente en círculos, dando sus ofrendas a dioses misteriosos, paganas figuras de un mundo secular para el desconocido, pero a todas luces cierto y evidente ¿Dónde estaría ella? ¿En qué lugar de ese pueblo perdido en las montañas se encontraría? Difícil saberlo, porque cada campamento peregrino es humo e incienso, rastros de una adoración que ya fue hecha. Era necesario seguir buscando, no perder la paciencia y menos aún las esperanzas. Dejo el lugar y a paso lento se alejo rumbo a las imprecisas cumbres, en busca de la casa, ese sitio, donde ella viviera y de seguro lo haría feliz.
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Era la noche, las sombras caminando pegadas a la luz artificial de los focos de alumbrado público, la calle silenciosa, el pavimento húmedo y la pertinaz llovizna, obligaban al hombre a marchar presuroso hacia su destino.
                                            ooo-ooo
Cuando tengas que ocupar lugares raros, extrañas consecuencias de tu azarosa vida, entonces pensaras en mi solo un instante, aquel que te sirva para saberme predestinado a las pequeñas cosas, a los efectos secundarios, a la borra de café en el pocillo vacio de la vida, de tal manera actuaras, que sin creerme me imaginaras lo que no soy, acordándote de mí, solo para olvidarme.
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